Las Etapas del Duelo

El duelo es una reacción natural ante la pérdida de una persona que se expresa en forma de sufrimiento y tristeza. En esta situación la persona tiene cambios psicológicos, físicos y sociales y su duración depende al tamaño y el significado de la persona fallecida. No todas las muertes tienen un duelo, para ello es necesario que el difunto sea importante y se tengan lazos de unión estrechos.
La muerte es una situación radical, irreversible, universal e implacable. No existe esperanza de que se vuelva a ver a la persona, salvo que se tenga alguna creencia religiosa que indique lo contrario.

¿Cuánto dura el duelo?

No se tiene un tiempo exacto de cuánto dura el duelo. En algunos casos puede durar 3 meses, aunque puede durar mucho más tiempo. El tiempo de duelo depende del vínculo que se haya tenido con la persona y si el fallecimiento ha sido inesperado.

El tiempo del duelo se determina por el proceso que demore la persona en pasar por todas las etapas. Una forma de saber que el duelo ha terminado es cuando la persona puede pensar en el difunto sin sentir dolor y puede recuperar sus emociones en la vida y en los vivos.

¿Cuáles son las etapas del duelo?

Se considera a las etapas del duelo un modelo para entender las diferentes situaciones que pasa la persona durante el duelo. No tienen signos físicos y no son etapas excluyentes, existen transiciones en las que se pueden encontrar las personas.

Etapa de Negación

En esta etapa del duelo la persona no cree que se haya ocurrido el fallecimiento, se niega a aceptar lo que ocurre debido a que es un hecho demasiado fuerte para ser cierto, nuestro pensamiento se rebela ante esta idea.
Las noticias que nos llegan resultan absurdas para nuestra forma de entender las cosas. En ciertas ocasiones, nuestros sentidos solo recepcionan lo que es soportable y cierto, alejando nuestra atención de otra forma de pensar.
Se trata de un sistema de defensa, la persona que ha sufrido la pérdida activa inconscientemente un bloqueo de sus facultades de información. Esta etapa es corta, va desde el anuncio de la muerte hasta el término de las honras fúnebres.

Etapa de Ira

La ira es una emoción que nace ante el cambio y se expresa de diferentes formas: ante los causantes, con los seres queridos, contra terceros o contra entidades. En ocasiones, surge inmediatamente después de saber la noticia de la muerte.

La ira debemos manejarla, no detenerla ni olvidarla, para impedir que se convierta en violencia. Acciones como rabietas, llantos o quejas son acciones que ayudan a canalizarla. Cuando antes se sienta la ira, antes se disipará.

Etapa de Negociación

En esta etapa se busca una tregua, negociando el regreso del ser querido a cambio de promesas que implican cambios en nuestro comportamiento o pensamiento. Es otro mecanismo que tiene nuestra mente para protegerse de una verdad dolorosa no ofrece ninguna solución.

Esta etapa del duelo no dura mucho tiempo ya que es el último esfuerzo para aliviar el dolor. Se debe dejar que la persona haga todas las preguntas que sea necesaria aún cuando se sufra inventando hipótesis de cómo se hubiera podido librar de la muerte. Estas preguntas lo acercarán a la aceptación de la pérdida.

Etapa de Depresión

Las etapas anteriores fueron para revisar que fue lo que pasó. En cambio, la depresión nos hace ver el presente. La persona tiene una sensación de vacío y de tristeza aceptando la pérdida y que no se puede remediar.
Las relaciones personales se ven afectadas y suelen aparecer malestares físicos por la baja de defensas. Es el momento de apoyar a la persona, pero dejando que viva su proceso y sin responsabilizarle por la etapa depresiva.

Etapa de Aceptación

Esta es la etapa final del proceso de duelo. Luego de haber atravesado las etapas anteriores, comienza un proceso para aceptar la pérdida y que es irreversible. La muerte de un ser querido cambia totalmente nuestra rutina diaria y aceptamos que la vida ya no es igual que antes.
En el camino de la aceptación, la persona empieza a tomar el protagonismo de su vida haciendo paces con el dolor y a pensar más en el presente que en el pasado doloroso.
Es cuando finalmente se realiza un recorrido interno de reconstrucción de la vida en la que se vuelve a tener proyectos y nuevos vínculos sin por ello pensar que nos estamos olvidando al ser querido fallecido.

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